La pereza inconsciente

Reflexión de una persona «normal»…

Me levanto y no tengo tiempo para nada, los días pasan como un rayo de luz, puedes verlos pero no puedes hacer nada para cambiarlos. Madrugo para ir a trabajar, descanso en la hora de la comida, de nuevo vuelta al trabajo y más tarde vuelvo a casa a recuperar fuerzas para prepararme para otro día de trabajo. El único respiro que tengo es el fin de semana, como si del ojo de un huracán se tratase, es un momento de tranquilidad entre el vertiginoso ritmo de la semana. Un lugar de paz donde aprovecho para recargar mis baterías durmiendo hasta tarde, navegar por internet, ver la tele y chatear con el móvil. Derrochando el dinero ganado con mi sufrimiento diario, saciando mis antojos buscando una sensación de bienestar que intente olvidar de mi mente, que tan solo me encuentro en el ojo del huracán.

Esta es mi vida, un trabajo que no me llena y agota mis energías vitales, alternado con momentos de descanso donde apenas tengo tiempo de hacer algo significativo. El tiempo pasa ante mis ojos sin que pueda atraparlo, vivo en un reloj de arena infinito al que no tengo ocasión de dar la vuelta. En mi memoria tengo el recuerdo de mis años como adolescente con multitud de metas y sueños. Mi ambición superaba cualquier obstáculo, cada día era un desafío del que salía victorioso. En el pasado queda esa época donde el tiempo era mi aliado y no el huracán que gobierna mi vida. Sigo teniendo sueños, proyectos, planes, propósitos de futuro alentadores para la que sería mi existencia perfecta, pero para siquiera intentar alcanzarlos tendría que ser un superhéroe, con el poder capaz de salir del tornado en el que me hallo.  

Y en la sociedad en la que nos encontramos no conozco muchos superhéroes, solo un puñado de afortunados con el aparente poder de controlar el tiempo y vivir en días de treinta horas. Hace meses tuve la oportunidad de contemplar a uno de ellos, trabajaba en el despacho de al lado en un puesto similar al mío. Era algo sobrenatural, tenía la energía de Superman, la velocidad de Flash, la determinación de Hulk y la inteligencia de Batman. Cuando yo me disponía a ir a comer después de haber atendido mis whatsapps y hablar con mi amigo Paco del partido de la jornada, él ya estaba terminando e iba a su despacho a progresar en uno de sus proyectos de los que hablaba apasionadamente. De camino a tomar el café de media tarde el estaba saliendo por la puerta habiendo terminado todo el trabajo de la jornada. Iba a pasar la tarde haciendo deporte con su hijo y más tarde a seguir desarrollando uno de aquellos sueños que tuvo como adolescente. Sueños que parecían ser prioritarios para él, como si la caza de un villano de cómic se tratase. ¿Cómo conseguía hacer todas esas cosas trabajando en lo mismo que yo? ¿De dónde sacaba todo ese tiempo, si yo no tenía tiempo ni de completar la lectura de un libro?

Un día tras meses viendo sus heroicidades me acerqué para preguntarle como conseguía hacer todas esas cosas sin morir exhausto en el intento, si trabajaba en lo mismo que yo. Ante tal pregunta su respuesta fue que la pereza gobernaba mi vida y que los placeres inmediatos de la sociedad capitalista occidental, ocupaban el tiempo que él utilizaba para darle un sentido a su existencia. Yo no entendí del todo lo que quiso decir, además no pude hallar mayor explicación, puesto que cuando yo llegué a preguntarle, el ya había acabado de comer y  con mi conversación ya se había extendido en su tiempo de la comida. Meses después dejó el trabajo y montó una exitosa empresa haciendo realidad uno de sus sueños. Yo seguí dando vueltas a lo que me dijo, pero me era imposible encontrar la razón en la pereza. No es que no quiera desarrollar mis sueños, ¡es que no tengo tiempo material para hacerlo! Con el tiempo acabe aceptando que se trataba de un superhéroe y yo simplemente era una persona «normal».